“En una hoguera grande, la gente hace un círculo grande y se separan las unas de las otras. Si no, se queman debido al abrasador calor que desprenden kilos y kilos de madera ardiendo. Si acaso, tienen relación con aquellos que están a su lado. Si la hoguera es pequeña, la gente se aproxima al fuego, hace un círculo más pequeño. El calor es reconfortante, con poca madera varias personas se mantienen calientes. Al ser pequeño el círculo, las personas puede mirarse a la cara, sonreírse, contar chistes, tener una conversación común, sentir, después de todo, que están en un grupo y forman parte de él.”

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Libros de autoayuda, conferencias centradas en el miedo a hablar en público, búsquedas en Google para mejorar la participación en grupos grandes de personas… Al parecer, muchas personas, independientemente de lo extrovertidas que sean, tienen esta problemática. Hay personas muy extrovertidas que pueden no sentirse cómodas en grupos grandes, y es que en esto media el ego.

El ego puede sacar “lo peor” de las personas, ya que nos gusta sabernos valoradas y admiradas. Hay quien buscará ser el centro de atención, y a quién le bastará con saber que su opinión cuenta. Sentirse reconocido/a se encuentra entre las motivaciones fundamentales de las personas. Nuestra identidad está muy influenciada por el contexto social y la comparación social.

En los grupos grandes hay muchas más personas que puedan ser partícipes de un “fracaso” individual, y eso puede contribuir al nerviosismo a la hora de compartir con ellas ideas y novedades respecto al desarrollo de un determinado trabajo. No nos enseñan a valorarnos y desde la más temprana infancia nos van poniendo más arriba o más abajo en una lista imaginaria según notas, comportamientos, etc. Se premia de forma individual, mayoritariamente, de tal modo que se favorece una visión del resto de personas en términos de competencia. Por otra parte, este estilo de actuar continúa en muchas empresas, y aunque la nuestra no sea así, puede estar muy interiorizado en las personas al componer la mayoría de las vivencias experimentadas. Entonces, en un grupo grande, al no haber una relación tan cercana y no haber una conciencia mayor de los puntos en común, puede darse el temor de sufrir mayores juicios por parte de compañeros y compañeras.

¿Por que son mejores los equipos pequeños?

Es más fácil que crezca la cohesión grupal en los equipos pequeños, al haber más oportunidades de conocer a las demás personas en cuestiones más íntimas, y al tener un trato cercano y continuado a través del tiempo.

equipos pequeños

¿Qué ocurre? Con más cohesión, habrá menos competencia. El otro no es un rival, no es alguien ante quien hay que dar la talla o alguien al que superar. Es simplemente él o ella, quien hace X tarea que luego tú complementas, quien se encarga de X cuestión… Un referente para momentos en los que se necesite ayuda, y un punto de apoyo para la superación. Es esperable que haya más solidaridad dentro del grupo, y que los fallos sean asumidos como un equipo. Asimismo, es esperable que el clima de trabajo sea mucho más agradable, al reducirse la tensión que se deduce de lo antes expuesto.

Un grupo pequeño es más fácil de gestionar, es augurio de más oportunidades de dar feedback a cada uno de los miembros. También encaja más con la estructura horizontal que siempre defendemos, con una persona como líder. La comunicación interna se hace más sencilla en los equipos pequeños, y la consabida incertidumbre presente en algunos proyectos… se reduce. Las personas cuentan con más información, y les llega directamente, no hay tantos intermediarios/as. El contacto continuo da pie a saber más cosas de los compañeros y las compañeras, conocer sus particularidades, y optimizar el reparto de tareas.

¿Por qué no optar por equipos pequeños y dividir en función de los proyectos?

En Resulta2 te ayudamos a dar el paso.

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