Quiero empezar este post parafraseando a mi amigo y colega Fran Chuán:

Una constante en todos estos años es el enorme “despiste” que hemos percibido en nuestros clientes y conocidos, sobre el ¿por dónde empezar a innovar? 

Este despiste no se da solo en los inicios, en empresas que se preguntan por dónde empezar. El despiste se produce también en empresas que ya han organizado su áreas de innovación y han puesto en marcha sus procesos y sistemas para innovar.

liderazgo innovador

Se han elegido a las personas para liderar la innovación, se les ha formado en técnicas de creatividad y generación de ideas, en metodologías de gestión de proyectos de innovación, se han creado procesos y sistemas, etc. Y sin embargo la percepción es que las ideas innovadoras no nacen, que los equipos de innovación no funcionan como se espera, e incluso, habiendo logrado lo anterior, el resto de la organización y/o la dirección no “compran” y a veces rechazan los frutos de todo este esfuerzo.

¿Qué ha sucedido? Se preguntan.

Para dar respuesta me gustaría echar mano del libro escrito por Fran Chuán y Jay Rao, Innovación 2.0, ¿por qué cuando hablamos de innovación nos olvidamos de las personas? 

Estaría bien recordar que la innovación es la única disciplina empresarial que es más emocional que racional, que necesita del talento y la creatividad de todas las personas de la organización, y esto solo se puede conseguir a través del compromiso y la complicidad de los colaboradores.

Si recordamos el informe Gallup en su análisis del compromiso, ya mencionado en el primer post, tan sólo el 13% , de media, de los empleados están comprometidos

¿Sirven los estilos de liderazgo tradicional, de la era industrial y posindustrial para afrontar un desafío así?

Nuestra educación y nuestra cultura nos enseñan a pensar en un esquema cartesiano, dentro de la caja, a predecir el futuro desde el presente, en base a experiencias pasadas.

Los modelos de liderazgo, están fundamentados para el control y la supervisión de tareas, en el mejor de los casos para conseguir un buen clima, pero como demuestran los datos no consiguen el compromiso y la complicidad de más de un 13% de las personas de la organización.

Como consecuencia la primera innovación ha de ser en la forma de pensar y actuar de las personas, realmente la innovación requiere de un cambio cultural en la organización. Detectar a los emprendedores internos, para formarlos y entrenarlos, ser líderes sin cargo, que se comportarán como virus que contagian una cultura innovadora.

Por todo ello ante la pregunta ¿por dónde empezar?, la respuesta es:

Personas –> Procesos–> Ideas

Iremos descubriendo cómo hacerlo en próximos post.

Antonio Robles.

Coach experto en facilitación de equipos de innovación.

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