Buscadores de oro

Entre las décadas de 1840 y 1850 California protagonizó la conocida Fiebre del Oro

Tenemos sueños. Ganas de crecer, triunfar. Vemos en la televisión o en el periódico a esa persona y la señalamos, sonreímos y decimos: quiero ser igual.

Tenemos fuerza, voluntad para cambiar las cosas, dejar de fumar, bajar de peso. Pero es voluntad efímera.

Somos optimistas, buscamos la felicidad, luchamos por ello, a nuestra manera, pero luchamos.

Tenemos las ideas claras, sabemos lo que nos gusta y lo que no. ¿O tal vez no?

Nos encanta formarnos, crecer como personas, sentirnos que valemos.

 

Barreras

Barreras. Barreras de piedras apiladas que no nos dejan ver el camino, son de verdad, cuesta quitarlas, asimilar que están ahí y que nos impiden avanzar.

Son psicológicas. Tenemos miedo. Pavor, nos tiemblan las piernas.

Tenemos excusas, somos los reyes, si nos diesen dinero por generarlas, gestionarlas, somatizarlas y creérnoslas seríamos ricos. Si por cada excusa que di para no hacer este artículo me diesen un dólar, ahora sería rico. Pero no lo soy. Las excusas no traen dinero, no traen resultados.

Cambios e incertidumbre van de la mano, como pasión y riesgo, como fuerza y valentía. Decimos “no quiero cambiar”, pero en realidad no tenemos las herramientas y las capacidades para hacerlo. Pedimos ayuda. La gritamos. Pero nadie escucha.

Las ideas claras se desvanecen. Tenemos objetivos en un papel que no se logran,  sueños que no se cumplen y la frustración crece. El día a día nos agota y lo importante lo dejamos atrás.

Miles, millones, trillones, de bits de información rondan a nuestro alrededor cada segundo. Asimilar todo, tarea difícil. Cribar, filtrar, y escoger lo que más nos convienen es casi imposible.

Son físicas. Cada piedra quitada es un triunfo, es un paso más hacia nuestro éxito personal. Pero cuesta, nadie dijo que fuese fácil, y no lo es.

Sudamos, la gota gorda, pero es como una maratón, la satisfacción de conseguirlo puede con el sufrimiento anterior.

 

Aprender, formarnos y desarrollarnos.

Somos listos, muy listos. Expertos, pero de un mundo que ya no existe. Dinosaurios, el mundo evoluciona a nuestro alrededor, y nosotros no. Tenemos lo último en innovación, móviles, tablets…pero seguimos pensando como en el cromañón.

Somos seres humanos, con nuestras habilidades y capacidades siempre por explotar. Somos piedras preciosas esperando ser encontradas, somos pepitas de oro en un río de Oregón.

Perdemos fuerza, nos desvanecemos con el tiempo, pasamos de Conan a Piolin en cuanto las tareas nos abruman, en cuanto los compromisos nos comen. Necesitamos objetivos, claros y medibles, reales y potenciales.

Y por último. Nos tratan como objetos, como números, pero somos algo más, somos número pensantes, objetos con valor, humanos con recursos. 

pepitas de oro

 

Artículo original presentado en el concurso de RRHH Digital 2014.

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