¿Quién de nosotros no se ha sentido en alguna ocasión pleno de felicidad, lleno de entusiasmo y viendo lo difícil fácil?

Es un momento mágico, donde todo parece posible.

Generar momentos de felicidad, disfrutar del estado que nos embarga y recargar nuestras pilas para lo que nos venga después. Para eso debemos poner a trabajar a nuestra inteligencia emocional… esa inteligencia que solo se produce cuando nos conocemos bien a nosotros mismos, cuando sabemos enfrentar nuestras emociones y ponerlas a trabajar a nuestro servicio. Eso nos permite pensar con una mayor claridad incluso en los momentos de presión.

Para disfrutar de la alegría hay que dejar de pre-ocuparse de las cosas que todavía no han sucedido y que posiblemente no sucederán. Lo que necesitamos hacer es ocuparnos de las cosas en vez de preocuparnos por ellas, ocuparnos de las cosas aquí y ahora y aprender a tomar distancia de ellas y de nosotros mismos para adquirir una nueva perspectiva. Cambiar el observador que somos, desarrollar otras miradas.

Pero sobre todo… no dejes de ser feliz; la felicidad nos llena de vida, nos fortalece, cambia nuestro estado de ánimo y nos permite ver desde otros ángulos los mismos problemas negativos de hace unos segundos e incluso encontrar soluciones. No dejes nunca de reír y encuentra siempre un motivo para regalar y regalarte una sonrisa.

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