¿Tienes clara tu cultura empresarial?

La cultura empresarial engloba muchas cosas: creencias, hábitos, valores… Todo ello conforma un entramado que guiará a la empresa hacia unas metas organizacionales concretas, y determinará su visión y misión. Hoy te proponemos unas cuantas claves para una apuesta exitosa por la transformación de la cultura empresarial:

El equipo

Un equipo está compuesto por personas que pueden ser más o menos diferentes en función de grado de experiencia, conocimientos con los que parten, formas de trabajar, etc. La diversidad, lejos de ser un problema, es una gran ventaja cuando se sabe gestionar. ¿La razón? Puede facilitar la transformación de la cultura empresarial, al suponerse que dichas personas tendrán distintas perspectivas y podrán complementarse.

Como siempre, un equipo no es la suma de sus miembros, y las relaciones entre los componentes de dicho grupo son vitales para lograr nuestro objetivo de transformación. Por ello, no conviene promover acciones que realcen a un miembro del equipo sobre los/as demás, como podría ser el incentivo de convertirse en el trabajador o trabajadora del mes. Estas iniciativas favorecen una mayor “motivación“, y lo ponemos entre comillas porque, a la larga, pueden fomentar la competencia entre los miembros de un equipo. ¡Y eso no nos interesa! La cohesión es lo que debe buscarse, premiando los logros del equipo a nivel de grupo, para que estén unidos/as en torno a una meta común. Eso es lo que permitirá avanzar y… transformar la cultura empresarial.

Sentir que el cambio es deseable

¡La capacidad del ser humano para adaptarse es asombrosa! Esto tiene dos caras, por un lado, es positivo porque facilita que podamos trabajar en condiciones no del todo adecuadas. Por otro lado, puede ser negativo en el sentido de acomodarnos y no probar nuevos desafíos, al sentir que la situación en la que se está no está mal.

Es muy común decir aquello de si algo va bien, ¿por qué cambiar? Seguro que más de una vez lo has escuchado o has pronunciado esas palabras mágicas. Lo que ocurre, es que las situaciones cambian, estamos en entornos V.I.C.A., y aquello que antes funcionaba puede rápidamente pasar a ser inadecuado. ¿Y si en lugar de cambiar por obligación nos adelantamos a los cambios que demandará nuestro entorno?

Formación

Vale, tenemos personas concienciadas, el cambio es deseado y el equipo está cohesionado y con un montón de ganas de iniciar acciones para que llegue la transformación de la cultura empresarial. ¿Y ahora?

Un objetivo, sin un plan, es sólo un deseo“. Esto lo decía Antoine de Saint-Exupéry, y podemos extrapolarlo al contexto de la empresa. Las buenas intenciones no son suficientes, y es necesario el diseño de una estrategia para que los cambios sean viables y se introduzcan de la manera adecuada. En Resulta-2 tenemos cursos en los que enseñamos cómo convertirse en impulsoras/es del cambio.

Reducir incertidumbre

La incertidumbre es muy dañina, y nos puede provocar sentimiento de inseguridad, y conducirnos a emociones que quizá no sepamos gestionar. El miedo es adaptativo, nos ayuda a estar alerta y vislumbrar oportunidades en situaciones complejas, pero puede pasar a ser desadaptativo, y paralizarnos.

La formación sólo sirve para saber cómo realizar la transformación de la cultura empresarial, va mucho más allá. Con ella, se consigue trabajar las competencias y reducir la incertidumbre, puesto que el equipo será más consciente de que cuenta con herramientas.

Si además, hay una buena comunicación interna, y a medida que se van implementando los cambios las personas que componen la empresa van teniendo noticias de ello y de la evaluación de dichos cambios… ¡la incertidumbre se reducirá aún más!

Medir la transformación de la cultura empresarial

Medir es un paso imprescindible para llegar a transformar la cultura de una organización.

No sólo se hace una evaluación al principio -cuando se desea ver de donde venimos- y una cuando se considera que se ha conseguido el cambio deseado. El proceso de transformación debe evaluarse para comprobar el avance y hacer explícitos los pequeños logros que vayamos alcanzando. Esto servirá como retroalimentación y aumentará la motivación al aportar un mayor sentido a lo que se está haciendo.