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Una de las muchas cosas y conceptos se quedó entre nosotros después del 15 M del año 2011, fue la definición de una cierta especie de personajes que habitan entre nosotros, que por un lado se quejan pero por otro viven de la “sopa boba”, generalmente suministrada por sus padres.

Es decir, se manifiestan, se quejan, hacen huelga pero luego se van a dormir a casa de sus padres, y de paso comer, cenar, y un largo etcétera de tareas que todos debemos realizar a diario.

A estos personajes se los denominó: “Perroflautas”, y casi se los endemonió dando a entender que no se lavaban, se drogaban, vestían casi todos de negro y con peinados más estilo apache o mohicano que otro; incluso se quiso dar a entender por parte de una sociedad de que estos jóvenes, ya que curiosamente todos eran personas que no pasaban de los veintitantos años, eran casi los culpables de todos nuestros males.

Curiosamente estas últimas semanas yo he vuelto a pensar en ellos, en los perroflautas, pero simplemente por motivo metafórico, ya que he estado dos semanas haciendo unos estudios que me han encargado sobre climas laboral en algunas empresas de servicios TIC españolas y sinceramente, me he encontrado una variante de perroflauta curiosa.

Este a diferencia del “auténtico” tiene casa propia, o mejor dicho tiene “hipoteca” que no es lo mismo, la cual es sagrada para ellos. ¿Por qué digo lo de sagrada?, muy sencillo: es la excusa por la que trabajan, mienten y creo que serían capaces de matar. Por encima de todo deben pagar su recibo mensualmente, da lo mismo como lo hagan,  si no son felices con lo que hacen o tiene que vulnerar sus principios; lo único importante es pagar la hipoteca para que dentro de 20, 25 o incluso más años tengan un piso en propiedad.

Esto no les impide ir la mayoría de los fines de semana a casa de sus padres a comer y “trincar” tupper con los que comer a diario en los office de sus oficinas, que bien podían llamarse cárceles; pero lo hacen con cariño y digo con cariño porque usar la expresión “como Dios manda” no pega, ya que sienten compromiso para firmar una hipoteca no para casarse por ejemplo, eso les aterra a la mayoría. Su concepto del compromiso es al menos “curioso”

Otra característica importante de estos perrofalutas asalariados es su tremenda dependencia del logotipo que tiene en su tarjeta de visita, pero dependencia equivocada, no tiene nada que ver con el orgullo de pertenencia a una empresa, estos tipos no tienen ideales la mayoría de ellos; este logotipo sólo les sirve para estar en el mercado laboral; sin saber muy bien lo que ofrecen o lo que venden o lo que tiene que hacer o para que lo hacen; preguntas tan profundas les hunden en su miseria. Ellos solo se mueven en “que hacer” o incluso “cómo”, pero “para que” es demasiado.

Ellos ejecutan lo que les dicen que hagan, sin importar si es bueno o malo; ya llegara la hora del café o de la comida para poner a parir a la empresa, sus directivos o sus propias compañeros; en eso estos personajes parecen reptiles auténticos, devoran y lanzan su veneno sin importar contra quien, a fin de que su puesto de trabajo quede impune.

Desprecian los movimientos sindicales, las agrupaciones o incluso los equipos de trabajo, solo quieren satisfacer a quien mantiene su nómina y por ende su hipoteca, aunque son capaces de mimetizarse y parecer incluso “un amigo”.

Son usuarios de las redes, aunque  solo usan los “me gusta” o “retweets” de lo que otros escribimos, estos seres no suelen tener opinión propia, aunque mejor dicho yo creo que de lo que carecen es de aptitudes para comunicarlas como puede ser escribir o hablar en público, ellos solo se comunican en la intimidad o dentro de sus círculos.

Sin darse cuenta cavan sus propias tumbas en las empresas donde están, ya que al no ser críticos, al no arriesgar, al no crear opinión, acompañan a su empresa a una muerte segura, que llegará en uno o dos años, y cuando se enfrenten con la nueva realidad, esa que a lo mejor se empezó a forjar el 15 de Mayo de 2011, no sabrán que ofrecer a la sociedad, y se darán cuenta de que han desperdiciado sus últimos años apurando ¿el qué?: ¿Doce recibos de la hipoteca, 24? Qué más da si seguramente quedarán 200 o 340 más por pagar

Una cosa que me sorprendió es que el lunes o martes de la semana pasada le empecé a dar vueltas a este Post, pero quizás me parecía un poco grave escribir estos pensamientos,  quizás pensé que iba a ser muy duro por mi parte identificar esta clase denominada por ellos mismos:  “trabajadores responsables” que hay en nuestras organizaciones, y tomando café con un par de amigos les comenté el tema para escuchar su opinión.

¿Y sabéis que me dijeron mis amigos?: “Domingo en mi empresa hay unos cuantos así si quieres te cuento historias de lo que hacen”.

Yo pensaba que quizás estaba siendo duro y resulta que a mi alrededor amigos míos identifican a estos tipos sin la menor duda.

Creo que ya es hora, y no es la primera vez que lo digo, de señalar con el dedo a estos parásitos, creo que ya es hora de mirarlos a la cara y decirles algo, son zombis y amigos si un zombi te muerde te vuelves como ellos.

Regla nº107 “Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios, quien no lo haga: morirá”

 

*primera colaboración en nuestro blog que hace Domingo Gaitero, coach de Resulta2 y fundador de Proceso Social.

 

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